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  • OLIVIA

ALI BEY

Actualizado: 3 de jun de 2019

"Un europeo que ocultando su religión y patria se presentase en África con el aspecto de un musulmán será dueño de visitar todas sus regiones. Solo será necesario poseer un poco el árabe, aprender algunas oraciones del Corán, vestir un traje, sujetarse a todas sus ceremonias o gestiones ostensibles y, tomando un nombre musulmán, hacerse reputar sectario del islamismo"

Espía, agente doble, converso al Islam, políglota, traidor, afrancesado, caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalem, botánico, astrónomo, geógrafo, estratega militar, matemático… Mucho se dijo de Domingo Badía, tal vez todo cierto, o tal vez solo parte de ello. Disfrazado de príncipe árabe recorrió los países islámicos hasta La Meca, y sobrevivió. Bajo el seudónimo de Ali Bey se infiltró en las cortes musulmanas en una misión encomendada por Manuel Godoy como ningún occidental había hecho hasta el momento, instigó y recopiló datos de gran valor estratégico y militar. Se ganó la enemistad de los musulmanes por infiel y traidor, de los españoles por afrancesado y de los franceses por español. Genio o grandísimo embustero, dos siglos después de su asesinato aún no se han esclarecido las causas sobre su muerte, ni los porqués. Olvidado por todos los bandos, valga recordar la extraordinaria gesta que inició aquel lejano junio de 1803, cuando recién circuncidado abandonó todo lo que conocía para cruzar el estrecho, cambiar de piel, y asombrar al mundo.


Domingo Badía era un autodidacta, desde niño se llevo mal con los estudios reglados.  y dedico su tiempo a  encerrarse entre volúmenes de conocimiento.Se le terminaron los libros en castellano, catalán, francés y latín con los que instruirse. Tomo un maestro de ciencias  orientales y se sumergió en el estudio del árabe. El mundo se le quedaba pequeño, la rutina le asfixiaba, mas los legajos de conocimiento entre los que dormía no pudieron impedir que soñara.

Trató de construir un globo aerostático con el que arruinó a su familia; pero ninguno de sus alocados proyectos es comparable a la expedición por el norte de África que le financió Manuel Godoy. Aunque le enviaran para conspirar contra Marruecos, su objetivo era científico: pretendía hallar las Fuentes del Nilo, desentrañar el curso del Níger, explorar Tombuctú, localizar la Atlántida... en un periplo de cinco años que le llevó hasta La Meca. 

 En 1818 viajó de nuevo a Oriente Medio, pero ahora se hacía llamar Alí Abu Utman e iba patrocinado por Francia, donde vivía exiliado por masón y afrancesado. No pasó de Damasco. Como buen espía, se sospecha que fue envenenado; aunque lo más probable es que muriera de disentería. Él y sus misterios yacen enterrados bajo el desierto jordano.

Durante su viaje, escribió cada noche un diario donde anotaba vivencias personales y descripciones de ciudades a observaciones científicas de toda indole. 

"La sensación que experimenta el hombre que por primera vez hace esta corta travesía no puede compararse sino al efecto de un sueño. Al pasar en tan breve espacio de tiempo a un mundo absolutamente nuevo y sin la mas remota semejanza con el que acaba de dejar, se halla realmente como transportado a otro planeta. En todas las naciones del mundo los habitantes de los países limítrofes, mas o menos unidos por relaciones reciprocas, en cierto modo amalgaman y confunden sus lenguas, usos y costumbres, pero esta ley constante de la naturaleza no existe para los habitantes de las dos orillas del estrecho de Gibraltar, los cuales, no obstante, son tan extraños los unos con los otros como lo seria un francés de un chino".


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